-Porque hacía falta dinero y entonces nos invitaron a ser socias. No es que tuviésemos dinero, pero las que teníamos una perra nos hicimos socias. No sé cuánto se pagaba, pero sí me acuerdo de que estuvimos muchos años como socias. En realidad, nunca nos dimos de baja.
 
-¿Nunca ha dejado de ser socia?
- Como digo, nunca me he dado de baja. Sucedió que al pasar los años, no nos dejaron pagar más la cuota y nos nombraron socias honorarias. ¡Fíjate qué título! Lo que pasa es que la Sociedad fue cambiando mucho, entraron un montón de chicos nuevos y en algún momento alguien nos borraría, pero desde luego sin que nosotras fuéramos a darnos de baja. Eso es así.
 
-¿Cómo era la Sociedad en sus primeros años?
-En un principio se servían comidas a un precio barato. Así comenzó la sociedad, siendo un lugar al que se podía ir a comer por poco dinero. Luego ya pasó a ser el sitio a donde se iba a beber. En aquel tiempo habría borrachos igual que hay ahora, pero ir a la Sociedad estaba bien visto. No pasaba nada, porque allí todos eran de casa. Eramos pocas chicas. Los padres no nos dejaban ir a los bares, pero a la Sociedad, sí, porque todos los que estaban allí eran como de la familia. Luego, eso ya se perdió.
 
-De aquellos primeros años de la Sociedad recordará a mucha gente...
-Me acuerdo de todos, claro. Ahora me vienen a la cabeza algunos como Luis Hospital, Mañuel Hospital o Felipe Mujika. De Felipe Mujika me acuerdo mucho. De su perro, de su carretilla que solía traer llena de ranas que cogía en las riberas, de lo mucho que le gustaba contar historias... Me acuerdo que iba con la escopeta
al parque y ponía pedazos de pan en el suelo. Cuando llegaban los pájaros, ¡ya tenía para llenar la cazuela! Era único. También me acuerdo de Mañuel, cómo me cruzaba con él todas las noches cuando él iba a la Sociedad. También me acuerdo de Ana y Maritxu, del Americano, de Dolores Gaztañaga y de algunas otras socias más.
 
-Eran otros tiempos
-Desde luego que eran otros tiempos. Me acuerdo del rey Alfonso (Alfonso XIII inauguró los cuarteles de Loiola el 22 de febrero de 1926). Estaba en el puente de los cuarteles y le sacaron sidra. Y él bebió. Yo me acuerdo de cuando ni siquiera había puente en Loiola. Ibamos a por agua a la fuente del parque aunque también se podía beber directamente del río.
 
-¿Se hacía mucha vida en la Sociedad?
-Iba mucha gente a la Sociedad. Yo creo que todos los chicos jóvenes de Loiola eran socios. Una de las cosas más bonitas era ir al arkupe los domingos. ¡No se habrá jugado allí dinero ni nada! La verdad es que los chicos nunca decían nada pero yo creo que algo si se apostarían, ¿no? También había remeros que, por cierto, un día casi se ahogan en el río. Había mucha gente joven y daba gusto.
 
-¿La Sociedad cambió mucho en los años siguientes a su inauguración?
-Mucho. Cambió como cambió el barrio. Loiola eran cuatro caseríos. Para ir de casa a casa no había ni carretera ni nada. Si llovía, ibas con los zapatos llenos de barro, y si no llovía, de polvo. El las puertas de las casas había un cordón para que cualquiera pudiera tirar y entrar. Todos éramos de la misma casa. Luego, Loiola ha crecido mucho, ha llegado mucha gente nueva y han cambiado las cosas. Ahora hay llave en todas las puertas. En la Sociedad, también.
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