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Corría el año de gracia de 1955 cuando, un año más, la ciudad de San Sebastián se disponía a celebrar sus fiestas patronales. Todas las Sociedades preparaban sus tradicionales cenas y, en el barrio de Loyola, el encargado de hacerlo no podía ser otro que el C.D. Loyolatarra. Su presidente, José Mª Ibarburu, destacado atleta de "la Real", ayudado por su Junta Directiva, ultimaba los detalles que, un año más, harían de la noche de San Sebastián la noche de la alegría y el buen yantar aunque ese año concreto de 1955 por su mente corrían algunas extrañas ideas que trataría de contagiar a sus compañeros de sociedad: se trataba de, después de cenar, salir a tocar la tamborrada en la calle.
No faltaron las bromas a la idea pero el ambiente era el más propicio para ser aceptado por todos y así, a las doce de la noche del 20 de enero de aquel año de 1955 José Mari y sus muchachos, enfundadas sus cabezas con un gorro blanco y provistos de los correspondientes palillos, realizaron un simulacro de tamborrada por la acera más próxima al Club.
La idea gustó. Gustó sobretodo a Juan María Andino que se preguntó ¿y porqué no organizar una tambo
rrada de verdad?. Hasta la fecha prácticamente todas las que salían lo hacían por el centro de la ciudad y alguna en el Antiguo. Loyola merecía tener una tamborrada propia y, para organizarla, quién mejor que el C.D. Loyolatarra.
Cinco años tardó el proyecto en hacerse realidad. La tarea no era sencilla. Puestos a sacar una tamborrada debía hacerse con todos los honores y garantías de éxito. Con toda la solemnidad que la fiesta lo merece y eso traducido a pesetas eran muchos miles o, lo que es lo mismo, muchas rifas, muchas peticiones y muchos sa-crificios en busca de unos fondos económicos que el Club no disponía, llegándose al punto de que, para ahorrar gastos, algunos tambores y barriles fueron realizados por los propios participantes en la fiesta.
Cinco años, por tanto, de, cada noche de San Sebastián prometerse unos a otros que al año siguiente la Tamborrada de Loyolatarra sería una realidad, que el vecindario lo pedía y la Sociedad se lo debía.
Andino ya tenía todo hablado con Pedro Adarraga Arbelaiz quién estaba decidido sería el Tambor Mayor de la Tamborrada y así, por fin, el año 1960, la víspera de San Sebastián, por primera vez en la historia de las
TAMB 6
Donosti eguna.
TAMB 7
Tamborradas.
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pág. 33. orr.